martes, 29 de abril de 2008

¿¡Hombres... embarazados?!



Por Abner Chávez

Una noticia dada a conocer a finales de marzo conmovió al mundo. La foto de un “hombre embarazado” apareció en prácticamente todos los medios informativos. Esta vez no se trataba de las imágenes promocionales de una película (como Gemelos, donde Arnold Schwarzenegger protagoniza una situación parecida) ni de una obra de ciencia ficción, sino de una realidad legal.
Fruto de una inseminación artificial, Thomas Beatie, un transexual de Oregon (Estados Unidos), se presentó ante las cámaras en su quinto mes de gestación. Si todo marcha sin problemas, la “criatura” podría nacer el próximo 3 o 4 de julio.
¿Cómo fue esto posible? Beatie en realidad es una mujer que decidió, por su tendencia homosexual, realizarse una serie de operaciones quirúrgicas y terapias hormonales para eliminar los senos y parecer “hombre” externamente, aunque conservó sus órganos reproductores femeninos.
Posteriormente, como la legislación de Oregon lo permite, realizó los trámites legales para oficialmente cambiar el género y aparecer ante la sociedad como “hombre”.
Su pareja es una lesbiana de nombre Nancy. Como esta mujer no pudo concebir (por inseminación artificial), ambas decidieron que “él” sería quien llevaría el embarazo.
Luego de consultar a alrededor de ocho especialistas (algunos de ellos rechazaron llevar el caso, debido a la anómala situación), la pareja encontró a un médico que los ayudó. Luego de un primer intento que resultó ectópico (embarazo fuera del útero), Beatie logró una segunda concepción, la que se dio a conocer a todo el mundo.

Oportunismo pseudocientífico
La noticia del “hombre embarazado” (que en realidad es una mujer embarazada, lo cual no tiene nada de extraordinario) fue aprovechada por pseudocientíficos, quienes abrieron la puerta a la posibilidad de que, presuntamente, la ciencia logre en poco tiempo el embarazo en varones.
Luis Álvarez Gayou, director fundador del Instituto Mexicano de Sexología, afirmó que en los próximos diez años será posible que una matriz implantada en el cuerpo de un varón “pueda albergar a un bebé”.
“Las condiciones médicas actuales no permiten que una operación de este tipo sea exitosa todavía, ningún país del mundo puede realizarla”, aseguró. Sería diferente al caso de Thomas Beatie, legalmente hombre, pero con órganos reproductores femeninos. El sexólogo aseveró que para lograr un embarazo basta con tener un útero con suficiente sangre para que se forme la placenta y se alimente al bebé, ¡sin importar si la persona es hombre o mujer!

Cambio de sexo en México
El “hombre embarazado”, entonces, no es una anomalía de la naturaleza, porque “Thomas Beatie” es en realidad una mujer, con órganos de reproducción dispuestos para el embarazo y la concepción. Aquí el problema es jurídico. Precisamente porque en la entidad estadounidense se permite, desde hace diez años, el cambio legal de sexo. Y legalmente todo se vuelve muy confuso.
Este es el peligro real de que en México se legalicen las uniones homosexuales y otras iniciativas. Y eso, por desgracia, ya está avanzando en la capital del país. En enero de 2008, el diputado Jorge Carlos Díaz Cuervo presentó una iniciativa de ley para permitir el cambio legal y quirúrgico de sexo. El 6 de marzo pasado, la Comisión de Gobierno de la ALDF turnó la iniciativa a las comisiones de Salud y de Administración y Procuración de Justicia, para su estudio. El PAN se opone, pero los legisladores de PRD, PRI y Panal (la mayoría) apoyan la iniciativa. ¡Dios guarde la hora!

La Biblia no miente
Las Sagradas Escrituras muestran claramente que Dios hizo al hombre y a la mujer, cada uno con su función biológica determinada. Les puso ley que no puede ser quebrantada. Dice el Salmo 139: “Porque Tú poseíste mis riñones; me cubriste en el vientre de mi madre… No fue encubierto de ti mi cuerpo (…) y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que luego fueron formadas, sin faltar una de ellas”.
Son necios quienes intentan romper las leyes divinas, con situaciones aberrantes, como ya está descrito en el libro de Job, cuando Dios pregunta al insensato hombre: “¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo? ¿Contaste tú los meses de su preñez, y sabes el tiempo cuando han de parir?” (39:4-5)
La única razón que mueve a este tipo de noticias es que la humanidad ha tratado, desde el principio, en violar las leyes divinas; la falsamente llamada ciencia ha procurado evidenciar que la Biblia se contradice, con tal de no tener en su noticia a Dios.
La Epístola a los Romanos describe cómo el hombre se corrompió de tal modo por el pecado, sobre todo los sexuales y morales, que “Dios los entregó a efectos vergonzosos… cometiendo cosas nefandas (mujeres con mujeres y) hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino a su extravío. Y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene” (1:28)

jueves, 10 de abril de 2008

Problema social incontenible

Por Olga Miranda

Sebastián comenzó a tomar desde los 17 años. Lo hacía saliendo del trabajo, con sus compañeros, unas veces era para festejar a un amigo, otras para ver un partido de futbol. Al principio la pasaba bien y no le importaba gastar el dinero en cerveza, luego en tequila y hasta en pulque. Con el paso del tiempo, su necesidad de seguir bebiendo aumentó. No se dio cuenta, pero llegó el momento cuando no pudo dejar de hacerlo. Llegaba a casa y discutía con su esposa porque poco a poco se olvidó de sus obligaciones. No le daba dinero, aunque su hijo todavía era pequeño.
En esos días terribles, en los que no controlaba su forma de tomar, sólo tenía como compañera a una botella. Perdió su trabajo, a su familia, incluso a sus amigos. Parecía que cada vez se hundía más en un túnel sin salida.

Produce 15 mil muertes al año
El alcoholismo es definido como una enfermedad adictiva, pues quien la sufre no puede controlar la ingesta de bebidas embriagantes. El alcohol es una droga legal que modifica el estado de ánimo. La química del alcohol afecta prácticamente a todo tipo de célula en el cuerpo, principalmente las del sistema nervioso central. El cerebro se adapta a los cambios producidos por el alcohol y se vuelve dependiente de él. Para las personas alcohólicas, beber se convierte en el medio primario mediante al cual viven sus vidas.
Al respecto, el secretario de Salud del Distrito Federal, Manuel Modragón y Kalb, informó que, debido al binomio alcohol-violencia, al año mueren 15 mil jóvenes en México.
“El problema del alcoholismo en México es serio. La mayoría de los robos, homicidios, violaciones, suicidios y accidentes automovilísticos se dan bajo el influjo del alcohol”, aseguró.
Detalló que la primera causa de muerte entre jóvenes de 14 y 29 años son los accidentes de tránsito provocados por el alcohol. 23% de las defunciones por accidentes de tránsito en esa edad tienen esa causa.
“La mayor parte de las adicciones se inicia como un proceso de experimentación; 20% de las personas tienen una capacidad adictiva por razones de orden bioquímico, metabólico, genético o psicodinámico”.
Informó que 46.7% de la población mexicana de entre 12 y 65 años ingiere alcohol y 23% de los jóvenes consume cinco o más copas al mes y 44% de la gente que intentó suicidarse, bebió alcohol antes.
Destacó que la droga en México con mayor impacto es el alcohol, principalmente porque su consumo es permitido, su costo es bajo y es fácil de adquirir, aun por menores de edad.
La mayoría de los jóvenes que toman bebidas alcohólicas lo hacen para sentirse bien y divertirse, para descansar y olvidar el estrés, en ocasiones para escapar de su realidad o estar más seguros en sus reuniones, ser parte del grupo y como medio de identificación y aceptación.

Aumenta entre mujeres y jóvenes
El incremento del alcoholismo en México es cada vez más alarmante. Existen 32 millones de bebedores, 40% están en "etapa adictiva preocupante" y tres millones más tienen serios problemas de dependencia, reveló el secretario técnico del Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic), Cristóbal Ruiz Gaytán.
Más de 250 mil menores de edad sufren “serios problemas en su manera de beber” y destacó que entre las mujeres el alcoholismo se ha triplicado, al grado que, mientras hace 15 años por cada ocho hombres bebedores había una mujer, ahora hay una bebedora por cada tres varones.
Ruiz Gaytán exhortó a los sectores gubernamentales, privado y social a compenetrarse con este fenómeno, “toda vez que fumar a los 12 años da 13 veces más riesgos de entrar a las drogas legales (y el alcohol a temprana edad), es un camino fácil para el consumo de tachas, mariguana o cocaína”.
El alcoholismo es una de las enfermedades más difíciles de superar y la familia tiene la responsabilidad de conscientizar al enfermo para que solicite ayuda. En el caso de Sebastián, fue su hermano quien le proporcionó ayuda para asistir a terapia y curarse, cosa que jamás hubiera realizado sin la ayuda de Dios.

Tipos alcohólicos
El de diario. Es aquel que necesita consumirlo todos los días para poder realizar otras actividades. El intermitente. Es aquel que tiene la necesidad de ingerir alcohol cada cierto tiempo, pues ha adquirido la dependencia.
El de fin de semana. El más común en la actualidad, sobre todo entre los jóvenes que visitan antros y lugares semejantes.
Bebedor fuerte: Quienes ingieren mucho alcohol, independientemente de la comida y casi todos los días.
Ocasionales: En general, son bebedores "fuertes" que, sin embargo, buscan pretexto para embriagarse. Suelen hacerlo en grupo y con la idea de "festejar". Para ellos beber tiene forma de diversión, sin necesidad física.
Alcohólico: La línea que separa a este tipo de los anteriores es la pérdida de control sobre la ingesta de alcohol. No puede elegir el momento ni la cantidad ni los efectos del alcohol en su organismo.

Enfermedades provocadas
Hígado graso. Es cuando hay una acumulación excesiva de grasa en las células del hígado.
Hepatitis alcohólica. Es una inflamación aguda en el hígado, que viene acompañada de destrucción de las células del hígado y cicatrización.
Cirrosis alcohólica. Es la destrucción del tejido normal del hígado que deja tejido cicatrizante inerte.
Delirium tremens. Cuadro que se da por una supresión brusca de alcohol. Se caracteriza por presentar componentes neuropsiquiátricos, como el temblor, alucinaciones, confusión, agitación, verborrea y taquicardia.

Puerta de entrada a las drogas

Por Abner Chávez

Lo único que puede sanar de raíz a un alcohólico es un encuentro con Dios, afirma el doctor Ricardo Delgado, director de la casa de rehabilitación Si el Hijo os Libertare, de Nezahualcóyotl. “El camino es el amor, mostrarle totalmente lo que vino a hacer el Maestro aquí en la tierra, por amor al prójimo. Esa es la base. Eso rompe parámetros mentales, físicos y espirituales. No estamos acostumbrados a recibir amor. Han llegado jóvenes que tienen mucho dinero, pero no han recibido amor. Cuando empiezan a ver que hay personas que los aman, aun sin conocerlos, empiezan a cambiar. El amor transforma ese corazón duro y, como dice la Biblia, cubre multitud de pecados”.
Explica que el problema de alcoholismo y la drogadicción en Nezahualcóyotl es tan grave que calcula siete de cada diez hogares con problemas de ese tipo. Y afecta a jóvenes y adultos. Jesucristo sí puede sanar a una persona así de su enfermedad, pero antes que nada, y eso debe entenderlo la Iglesia, vino a sanar el corazón.
Desde el punto de vista médico es importante restaurar físicamente, luego mentalmente y luego espiritualmente. La recuperación física realmente es rápida. Recibimos a las personas, esperamos que pasen los efectos del alcohol, se le da tratamiento médico y una vez que recupera su estado físico, empezamos a trabajar su estado emocional. Lo vamos induciendo a que él acepte que tiene un problema, que es básico. Que necesitan ayuda y aquí se les puede proporcionar. En todo, la base es totalmente la Palabra de Dios.

El problema inicia en el hogar
Hay un milagro cada vez que un alcohólico es transformado por el poder de Dios, dice la hermana Dorcas Castillo Zavala, del grupo Camino a la prosperidad, quien indica que se ha demostrado que el alcohol es la puerta por la cual entran los jóvenes hacia las drogas y luego viene la degeneración sexual, el homosexualismo y se van enredando en muchas otras cosas que los llevan a la perdición.
El problema inicia en el mismo hogar, muy temprano, a los 9 o 10 años, cuando prueban pro primera vez el alcohol, en una fiesta familiar, en eventos sociales, de los residuos de las cervezas o de las cubas.
La raíz del problema es la desintegración familiar, la falta de conocimiento. Luego, el alcohol es como un requisito de aceptación para los jóvenes, pues lo hacen primero para integrarse a la pandilla, y una identidad antes de que se vuelva incontrolable.
Yo creo en los milagros, reitera la hermana Dorcas, porque vivo uno todos los días. Yo soy esposa de un enfermo y cada día veo el poder de Dios en su restauración.

Lejos de Alcohólicos Anónimos
Tanto la hermana Dorcas Castillo como el doctor Ricardo Delgado coinciden en diferenciar los programas de recuperación de adicciones que llevan a cabo con principios bíblicos de los 12 pasos seguidos por Alcohólicos Anónimos (AA).
La hermana Dorcas afirma que la diferencia radica en el orden en que se ponen las cosas. Mientras que AA hace hincapié en “conócete primero y después conoce a Dios, nosotros hacemos énfasis en la necesidad de Dios por sobre todas las cosas”. Hablan de Jesucristo y de la Biblia hasta después del onceavo paso. Nosotros les hablamos de Dios desde el principio.
Al respecto, el doctor Delgado describe que el programa de Alcohólicos Anónimos se inspiró en la Palabra de Dios, pero “el problema de AA es que hay mano de hombre. Ya no es guiado por el Espíritu de Dios. Yo sé que eso salió de la Biblia, que se hizo para sanar a las personas, pero en el momento en que el ser humano mete mano, este programa se leuda”.
Pone como ejemplo que el programa no permite que se ofenda a las personas o se les hable con groserías. Inclusive que en el cuarto o quinto paso obligan a la persona a vomitar o a tener manifestaciones. Y critica que las cosas no se hagan con amor. “Doble A sería un éxito si ellos se dejaran guiar por el Espíritu Santo”, expone.
La psicóloga Miriam Rodríguez va más allá, al acusar que, si bien al principio el programa de AA fue inspirado por el Espíritu Santo, posteriormente ya empiezan a hablar sólo de un ser superior, “y un ser superior también es Satanás, que está detrás de muchos de estos programas y de los tratamientos psicológicos. ¿Por qué?, porque ninguno de ellos te lleva a la vida. Lo único que te lleva a la vida es Jesucristo y su Palabra eterna”.
Considera que, de acuerdo con los testimonios que han vivido, es un versículo, una palabra, lo que penetra hasta la médula de los huesos de los jóvenes y ellos cambian, y luego se quedan. Posteriormente hasta toman cursos de discipulados. “Es un cambio radical, el Señor los libera y nosotros lo hemos visto”.

A la Iglesia le falta amor
La Iglesia tiene que sensibilizarse, tomar conciencia de que el Señor vino a buscar a las ovejas perdidas, y que esa es la misión: buscar al perdido, al necesitado, asegura el doctor Delgado. Yo creo que la verdadera base del cristianismo es cuando hay carga por la gente que necesita ayuda. “Hago un llamado a la Iglesia a que se sensibilice, a que dejemos de ser cristianos de cuatro paredes, y salgamos a la calle a buscar a los perdidos”.
Narra que alguna ocasión, cuando le preguntaban a un predicador por qué su mensaje era diferente al de otros pastores, él llevó a esa persona a la calle y ahí le preguntó: ¿qué ves? Yo veo gente, casas, carros, le contestó. El predicador le dijo: ahí está la diferencia. Yo lo que veo son almas que se están yendo al infierno y trato de convencerlas de que hay un camino de salvación.

A dónde acudir
Si usted tiene a algún familiar con problemas de adicciones y vive en Nezahualcóyotl, puede acudir a la casa cristiana contra las adicciones Si el Hijo os libertare, ubicada en Virgen de los Remedios 101, col. Virgencitas (5735 2096), con el doctor Ricardo Delgado o la doctora Miriam Rodríguez.
Si usted vive por la colonia Viaducto, en el Distrito Federal, puede acudir al grupo Camino a la prosperidad. No es cristiano, pero está dirigido por cristianos que buscan, no sólo ayudar al alcohólico, sino trabajar con la familia dañada; se les da un mensaje del amor de Dios y se trata de realizar un trabajo integral. Se encuentra en Sur 77 y puede localizar a la hermana Dorcas Castillo en el 5440 2022.
Hay otros centros, como Visión y Restauración Integral, que ayudan a varones de entre 18 y 50 años que padecen problemas de farmacodependencia, alcoholismo y desadaptacion Social. Cuentan con 15 centros de rehabilitación en todo el país, donde permanecen como internos de entre 6 y 9 meses, según el caso.
En el DF, puede buscarlos en Pintores Nº 47, col. Morelos. (5704 0745), en Encuadernadores Nº 55, col. Penitenciaria (5789 4340) y en Iztapalapa Nube Nº 16, col La Planta (5859 5364); En Chalco, Estado de México, puede localizarlos en Oriente 43 Mz. 58 Lt. 16, col. Providencia, Valle de Chalco Solidaridad (0155 1709 4715).
Del interior del país puedes marcar al Centro de Orientación Telefónica de Prevención de Adicciones de la Secretaría de Salud (01800 911 2000).

miércoles, 26 de marzo de 2008

¿Ruptura del amor?

El primer amor
Por Hazael Velázquez

Un día cualquiera, la apariencia de una persona llama poderosamente nuestra atención. Pueden ser sus ojos, su cabello o su forma de moverse, o todo a la vez. Nos encanta. Si esa persona vive cerca de nosotros o si va a la misma escuela o si trabaja en nuestro medio o asiste al mismo templo estaremos esperando con cierta ansiedad el momento de volver a verla. Cuando por fin la encontramos, se despierta en nosotros un torrente de sensaciones, eso que muchos describen como “mariposas en el estómago”. Si por un portento de la vida nuestras miradas llegan a encontrarse o el objeto de nuestra atención se dirige a nosotros el torrente se vuelve incontenible: nuestro pulso se acelera, se nos reseca la boca, nos tiemblan las rodillas y, en un instante, nos volvemos torpes de movimientos. A pesar de estos síntomas, que podríamos calificar de enfermizos, la vida nos pinta de otra manera. Nos sentimos eufóricos, con fuerzas renovadas, “que se nos venga el mundo encima”, decimos. En eso consiste, más o menos, el impacto que produce en nuestro ser el encuentro con la persona amada.
Para muchos, este hallazgo se torna en el inicio de una relación duradera que culmina en el matrimonio. Pero la intensidad con que nos acomete el primer amor pierde poco a poco su fuerza irresistible. Es como esas tormentas que oscurecen el día y que luego se vuelven lloviznitas. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Cornell, en Nueva York, las personas están biológicamente preparadas para sentirse perdidamente enamoradas entre 18 y 30 meses. Es decir, el tiempo suficiente para que la gente se conozca, conviva y tenga hijos. Luego, la pareja debe estar preparada para atravesar un estadio distinto, el de las obligaciones, los cuidados de la prole y la búsqueda mutua de nuevas sensaciones; algo así como hallar juntos el nuevo rostro de una pasión más sosegada y, por lo mismo, más duradera. La fase del enamoramiento, del primer amor, pues, concluye relativamente pronto.
En términos bíblicos, ese abandono del primer amor está descrito en el capitulo 2 del Apocalipsis: “Yo conozco tus obras”, dice el Espíritu, cuyo mensaje posee un marcado carácter individual, es decir, se relaciona directamente conmigo. “…Tengo contra ti –sentencia–, que has dejado tu primer amor” (v. 4). ¿Qué advierte el Espíritu Santo respecto de este incumplimiento? Podríamos parafrasearlo así: “Recuerda, por tanto, dónde está el origen de tu enfriamiento y da marcha atrás y comienza a hacer algo para recuperar a tu amado(a); de otra manera, Yo voy a actuar pronto y voy a dejar de tenerte en mi noticia… si no te hubieres arrepentido” (v. 5). La Biblia considera el primer amor como un estilo de vida permanente y no como un estado emocional pasajero. De modo que los cristianos no podemos justificar cualquier clase de desamor basándonos ni siquiera en las evidencias médico-biológicas. Porque, ¿acaso podemos profesar a Jesucristo un amor mediocre? ¿O estamos en posición de decir: “Te amo, Señor, pero ya no eres lo más importante de mi vida; te amo, pero ya no pienso en ti a todas horas ni en primer lugar”?
¿Podemos considerar a nuestra pareja en todo momento bajo la óptica del primer amor? Tratemos de contestar ahora lo siguiente: ¿cómo es posible que un amor que suponíamos inagotable termina en el bote de basura? Dicen que en el amor no puede haber medianías: o se ama con locura o se aborrece con todo el corazón. Desde luego que un cristiano no puede darse el lujo de pensar así. ¿A poco ya se nos olvidó esa personita que ocupaba nuestras horas de sueño; que corríamos a ver todos los días; que mimábamos y defendíamos a capa y espada? “Es que me fue infiel”, podemos anteponer. “Con tantos maltratos fue acabando con mi amor y mi respeto”. Algunos matrimonios siguen juntos toda la vida, pero sólo por guardar las apariencias. Otros, más modernizados, optan por el divorcio. En todo caso, el divorcio, dijo el Señor, se debe a “la dureza de vuestro corazón” (Mat 19:8), “pero al principio no fue así”, concluye el Maestro. No era el plan de Dios que lo que Él unió lo separe el hombre.
En el endurecimiento del corazón reside el origen de toda anomalía conyugal. Los fariseos le preguntaron a Jesús: “¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio y repudiarla (a la mujer)?” La gente de ahora, incluso los cristianos, bien que pueden decir, ¿para qué entonces existe el divorcio, sino para aprovecharlo?
Volvámonos a Jesús, ejemplo inefable de fidelidad, quien amó tanto a la Iglesia que ofreció Su sangre para que ella viviera; embelleciéndola por la Palabra y prometiéndole casorio, no sólo por 30 meses; el compromiso lleva ya, por lo menos, ¡20 siglos!
“Con amor eterno te he amado. Por tanto, te soporté con misericordia”. (Jer. 31:2)

Cristianos light

Cristianos descafeinados
Por Félix Martínez García

El carácter cosmopolita del cristiano moderno le lleva a tomar las estadísticas sobre el divorcio como un número más. De igual modo, influenciado por las corrientes humanistas, percibe la existencia del homosexualismo como un elemento propio de los tiempos.
Podemos hablar del homosexualismo como una de las desviaciones en el comportamiento de una parte de la pareja, y que son una de las causantes de la separación.
Enlistar cada una de las causantes y hacer propuestas para su corrección, sería tanto como fijar nuestra atención en un árbol y no en el bosque.
De manera cotidiana, sabemos de la existencia de divorcios, convivimos con la noticia de fracaso de nuestro primo, algún tío, un vecino o alguien más cercano a nuestra esfera familiar, y solemos decir: ¡era de esperarse!
De igual modo, influenciada nuestra fe por doctrinas con carácter humanista, hemos aprendido a tolerar actitudes o preferencias homosexuales; hoy por hoy, el cristiano se urbaniza y se torna en un converso cosmopolita.
La televisión, la radio, el internet, las comunicaciones globales están llevando a ejercer una fe estándar, que se norma por los medios de comunicación, la cultura global y las comodidades que el mercado nos ofrece, sobre todo lo que para la sociedad aparece como “normal”.
El cristiano actual se ha vuelto “light”, ligero, no-grave; y esto lo lleva a ver la práctica del divorcio como una de las bondades de estos tiempos, como un progreso social. Ese tipo de cristiano ya no quiere aprender, sino “desaprende”, desanda el camino.
En la era moderna el cristiano “light” olvida que las enseñanzas universales sólo pueden ser generadas por un ente universal, por el “Eterno”, y al olvidar sus enseñanzas olvida su origen, y con ello su identidad.
Actualmente, el cristiano “light” aprende a relativizar los estatutos y mandamientos que para nuestra enseñanza fueron escritos, y su fe, la del cristiano “light”, ha mutado.
Actualmente hemos aprendido a darle un carácter utilitario y práctico a nuestra fe: ¡Si no fue posible entendernos como paraeja... ¿qué mas da?, ¡seamos prácticos! ¡divorciémonos!
La definición mas clara del cristiano “light” es la de un creyente “sin identidad”.
Hoy es cada vez más difícil identificar al pueblo de Dios, y cada vez es más difícil encontrar a quien pertenezca a la Amada del Señor, como suele llamar el Eterno a su Iglesia.
¿Cómo podremos diferenciar al pueblo escogido del gentil? ¿En dónde está la simiente de Abraham? ¡Cuál es el pueblo de linaje escogido, el que pertenece a un real sacerdocio? ¿Cómo diferenciar un pueblo de otro, si ambos de igual modo, como en los días de Noé, se casan y se dan en casamiento, y se les hace tan fácil pasar a ser una más de las estadísticas del divorcio?
Nos hemos constituido en cristianos “light”, y para estar en consonancia con el lenguaje de la mercadotecnia, nos hemos tornado en “cristianos descafeinados”.
¿Cómo entonces podrá el cristiano seguir siendo la sal del mundo?
Cristiano del siglo XXI, ¿puedes responder con sinceridad las siguientes preguntas?:
¿Cual es tu identidad?, ¿de donde vienes?, ¿a dónde vas?
¿Podrás reconsiderar el matrimonio como un puente a la eternidad?
¿Cuáles son los valores que gobiernan tu relación como pareja? ¿Son los del Eterno?
Es prudente recordar la indisolubilidad del matrimonio, porque haciendo esto agradas a Dios y te liberas de la inercia de estos tiempos, sí, tiempos descafeinados.

Los hijos del divorcio

Controversia
¿Y qué hacemos con los hijos?
Juan Elías Vázquez

A esta pluma inútil no deja de impactarle cómo es que alguien que luchó con tanto denuedo para conseguir un gran amor, un mal día decide acabar con él, cortándole la cabeza. Cierto que hay matrimonios forzosos o arreglados que, por su misma naturaleza, están condenados al fracaso. Pero si uno parte del principio de que las parejas se casan por amor, entonces no es fácil explicarse cómo es que terminan divorciándose.
Lo más preocupante para el pueblo de Dios es constatar que cada vez hay un mayor número de cristianos en proceso de divorcio o, de plano, divorciados. No es que nos escandalicemos –o tal vez sí–, pero hasta hace no mucho tiempo el tema ni siquiera se tocaba entre nosotros. Quizá se ocultaba, no lo sé. A nuestros padres no les resultaba sencillo de ningún modo optar por la separación legal y definitiva. Ese NO recurrente, me podría argüir el amable lector, se debe a que antes guardábamos más las formalidades; éramos más aparentes o hipócritas, si se quiere. Las parejas de “antes”, no estaban exentos de problemas graves, sino se resignaban a vivir juntos por temor al qué dirán. Puede ser.
Las causales de divorcio, por lo tanto, se han diversificado y abundado entre los hijos de Dios. Lo que de nuevo resulta muy preocupante. Quiere decir que entre los cristianos hay quienes engañan a su pareja, quienes la aborrecen o menosprecian; que hay quienes la golpean o le prohíben ir al templo o cumplir con responsabilidades ministeriales (sobre todo entre los matrimonios mixtos), lo que también representa, por desgracia, un fenómeno cada vez más recurrente y una causal un tanto inédita de divorcio.
Si una persona engaña a su esposa(o), ésta se justifica aduciendo falta de atención conyugal, mientras la otra parte acusa de trasgresión del mandamiento aquel de “no codiciarás la pareja que no es tuya”. Puede que los dos implicados tengan razón. Para averiguar la verdad existen los careos y las investigaciones judiciales previas. ¿Y qué si la esposa se queja de maltrato físico?
Nos quedan, como apéndices mal pegados, las víctimas en segunda instancia de los divorcios. Porque los que primero sufren la asimilación de su nueva identidad civil son los casados-divorciados, luego los hijos, los padres, los hermanos y los hermanos de la iglesia. Pero es sobre los hijos donde más se resiente la resaca de un amor fracturado. Esas víctimas en segunda instancia tienen que aprender, incluso, un nuevo lenguaje. Una verborrea que trata de traducir el significado de conceptos tales como pensión alimenticia, custodia compartida o denegada, fines de semana con el padre y otro con un padrastro. Las víctimas tienen que aprender a llorar en silencio o se vuelven expertas en el arte de la negociación, con tal de no recibir palizas, o para obtener dinero para sus gustos o necesidades. Asimismo, a veces desde muy pequeños, los hijos de divorciados deben aprender el oficio de la buena expresión, labor requerida por una caterva de malandrines escolapios que, burlándose, preguntan: “¿por qué tu papá no vive con tu mamá? ¿Están divorciados? ¿Qué es eso?
Antes de tomar la decisión tan temida, piensen en ellos, en los hijos; y si por ahí se acuerdan, hagan un alto en su frenesí destructivo y piensen en aquel amor que se prometieron, eterno y fuera de este mundo; en ese cariño que tanto trabajo les costó ganarse; en esa pasión de fuego, que a fuerza de apagar con tantas necedades, está a punto de colarse por el drenaje.

martes, 25 de marzo de 2008

Lo que Dios Unió...

Dios odia el divorcio
Por Isabel Velázquez

Los datos oficiales dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).el pasado 14 de febrero, considerado como el Día del Amor y la Amistad, indican que en México los matrimonios disminuyeron 1.5 por ciento, mientras que los divorcios aumentaron 3.2 por ciento en 2006, en comparación con el año anterior.
De acuerdo con las estadísticas oficiales de los juzgados civiles del país, durante todo 2006 se registraron 586 mil 978 matrimonios, cifra menor en 1.5 por ciento a los de 2005, cuando sumaron 595 mil 713. En cuanto a los divorcios, se realizaron 72 mil 396 en 2006 y 70 mil 184 en 2005, con un aumento de 3.2 por ciento.
Lo anterior debería poner en estado de alerta a la sociedad, y en especial al pueblo cristiano, porque se trata de cifras oficiales que no incluyen las separaciones de las llamadas uniones libres u otro tipo de convivencia equivalente al matrimonio.
Otros datos oficiales corroboran la tendencia demográfica a evitar el matrimonio a temprana edad y a posponer la llegada de los hijos. Por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2007, en México la población de 12 años o más ascendía a 80.5 millones, de los cuales 37.9 millones son hombres y 42.6 millones mujeres. De las personas en este rango de edad, 38 de cada 100 son solteras; 54 viven en pareja –casadas o en unión consensual– y ocho están separadas, divorciadas o viudas.
La población soltera del país se compone por 50.1 por ciento de mujeres y 49.9 por ciento de varones. De las personas solas, 54 por ciento son viudas, 32.5 por ciento separadas y 13.5 por ciento divorciadas.
Otros datos nos dan una idea de lo que pasa en la sociedad mexicana: la edad promedio al momento de contraer matrimonio en los hombres fue de 27.8 años por 25 de las mujeres. En 2006, la tasa bruta de nupcialidad (matrimonios por mil habitantes) en el país fue de 5.6. De cada 100 hombres que se casaron, 96 trabajaban al momento de contraer nupcias; de ellos, 57.2 por ciento era empleado; 14.7 por ciento jornalero o peón y 13 por ciento obrero, entre otros. En contraste, de cada 100 mujeres casadas, 41 trabajaban, en su mayoría como empleadas (77.2 por ciento).

Radiografía del divorcio
Acerca de las separaciones, el organismo informó que en 2006, por cada 100 enlaces realizados en el país hubo 12.3 divorcios; en 2000 la relación fue de 7.4 y en 1971 de 3.2. ¡En seis años creció más el porcentaje de separaciones que en las tres anteriores décadas!
Para 2006, 15 estados superan la proporción nacional. Los que tienen los valores más altos son: Baja California (29.9 divorcios por cada 100 matrimonios), Chihuahua (26.4) y Colima (23.6); en contraste, las de proporciones menores son Oaxaca (2.3), Tlaxcala (2.8) y Guerrero (5.1).
La edad promedio de los hombres al momento de divorciarse fue de 37.6 años y de las mujeres de 34.9 años. Los estados que registran las edades de mayor promedio para ambos sexos son Morelos, con 40.4 años los hombres y 37.2 años las mujeres; el Distrito Federal y San Luis Potosí, ambos con 39.2 y 36.7 años, respectivamente.
De las parejas casadas que se divorciaron en 2006, la unión de casi la mitad tuvo una duración de 10 años o más (49.5 por ciento), seguida de quienes estuvieron casados cinco años o menos (31 por ciento) y las que permanecieron unidas de seis a nueve años (19.2 por ciento).
El anterior dato, de que los matrimonios se disuelven luego de una década de convivencia, debería ponernos a pensar que ellos buscaron no separarse al primer disgusto, sino que procuraron resolver sus diferencias, lo cual al final resultó infructuoso.
De los hombres que se divorciaron, 22.5 por ciento declaró tener secundaria; 19.3 por ciento preparatoria y 19.1 por ciento estudios superiores; en el caso de las mujeres, las proporciones fueron de 23.3 por ciento, 17.8 por ciento y 17.2 por ciento, respectivamente.

¿Divorcio entre cristianos?
No hay cifras oficiales respecto de divorcios entre el pueblo cristiano. Lo que se sabe es que en muchas congregaciones cada vez es más frecuente este problema.
El divorcio se puede definir como la disolución oficial de un pacto establecido ante una autoridad. El fin perseguido es quedar en libertad de los derechos y las obligaciones adquiridas a la firma del contrato conuygal.
De acuerdo con el doctor Salvador Cárdenas, en México no siempre se permitió el divorcio. Durante mucho tiempo habían ciertas circunstancias de índole religioso que imperaban en el contexto social e impedían que el divorcio se pudiera obtener legalmente.
Fue hasta 1870 que se establecieron en el Código Civil las siete causas legales que podrían justificar la procedencia legal del divorcio: el adulterio de alguno de los cónyuges; la propuesta del esposo para prostituir a la esposa; incitación o la violencia hacia alguno de los cónyuges para que éste cometa un delito; la corrupción de la esposa o el marido hacia los hijos; el abandono del domicilio conyugal sin causa justificada; la crueldad y la acusación falsa echa por un cónyuge hacia el otro.
Algunas de esas causales se han modificado, como el tiempo fijado para el abandono de hogar, y se han agregado otras, como la del mutuo consentimiento y la bigamia.

¿Queremos agradar a Dios?
Es muy conocido el pasaje del Nuevo Testamento en el que los fariseos cuestionan al Señor Jesucristo respecto del divorcio y la respuesta del Hijo de Dios. El plan original del Padre, les dijo, era hacer familias unidas por amor. Varón y hembra los creó. Y los religiosos de aquel tiempo preguntaron: ¿Por qué pues, mandó Moisés dar carta de divorcio y permitió repudiar a la mujer? El Divino Maestro respondió: Por la dureza de vuestros corazones, mas al principio no fue así.
Pero hay otro pasaje más claro, en cuanto al divorcio. En Malaquías capítulo 2, el Espíritu Santo, el autor de la Biblia, especifica: “¿No hizo Él uno, habiendo en Él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seas desleales con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová el Dios de Israel ha dicho que Él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los Ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seais desleales”.
El propósito del matrimonio es formar una descendencia, una simiente santa, cuyo propósito es conformar entre todas las familias un pueblo santo, adquirido por Dios, donde el divorcio no está entre sus planes.
Dios, en cambio, ha provisto un camino distinto para la humanidad: el amor. Pero no esa clase de amor que se vincula con las relaciones sexuales o la atracción carnal, sino el amor que une: es sufrido, benigno, sin envidia, sin jactancia y sin vanidad. Un amor que no hace nada indebido, no busca los uyo, no se irrita y no guarda rencor. Un vínculo matrimonial que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. Con estas características en el matrimonio, ¿habrá algo que pueda disolverlo?