viernes, 24 de octubre de 2008

Tiempo de vacas flacas

El tercer caballo del Apocalipsis
Por Juan Elías Vázquez

Guerras siempre ha habido, pero no tan devastadoras como lo fue la II Guerra Mundial; Las hambrunas también son cíclicas, sólo que nunca antes habíamos previsto una de las proporciones de la que se avecina. Los motivos, según los especialistas, se atribuyen a la desaceleración económica global; al aumento de los precios del petróleo y de los mismos alimentos; a las amenazas del cambio climático, y a que, aunque el mundo produce suficientes alimentos, pocas personas los acaparan.
Los primeros efectos de la hambruna ya se han hecho presentes en países de Asia y África. De acuerdo con un reporte de Prensa Asociada (AP), fechado el pasado 7 de julio, en Burundi, Kenia y Zambia, cientos de miles de personas enfrentan reducciones en las raciones de alimentos. En Irak, 500 mil beneficiarios perderán la ayuda alimentaria que reciben periódicamente. En Yemen resultarán afectados más de 300 mil hogares; mientras que en Camboya, unos 400 mil menores ya se quedaron para estas fechas sin los tazones de arroz que diariamente constituyen su desayuno. El mismo reporte señala que la mayoría de los países en desarrollo padecerá algún tipo de reducción alimenticia en los próximos ¡tres a cinco meses!
Este panorama mundial tan desalentador estaba previsto en las Escrituras desde hace miles de años. El Señor Jesús incluyó el hambre y la guerra en un periodo que describió como “principio de dolores”: “Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes y hambres, y terremotos en diferentes lugares” (Mat 24:7). De seguro que este texto no es nuevo para usted y, probablemente, lo seguirá oyendo en estos días. Porque para muchos cristianos, los signos de los tiempos no pasan inadvertidos. Por otro lado, no nos sorprende la incredulidad del mundo. Esto tampoco es novedad. El apóstol Pedro declaraba que los necios no cesaban de decir, respecto de la segunda venida del Señor Jesucristo: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres murieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2ª Ped 3:4). O sea, “no pasa nada, se trata de puros cuentos”. Y qué decir de los que se preguntan “¿Cuándo serán estas cosas, para empezar a portarme bien?”. Pedro contesta que “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza…” Y a quienes se acercan a los dichos proféticos por mera curiosidad o miedo, Jesucristo advierte: “El que quiera hacer la voluntad de Dios conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta” (Jn 7:17).
Pero del día y la hora nadie sabe, “ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre”, dijo el Señor (Mat 24:37). Sin embargo, en ese mismo capitulo, Jesús aconseja estar al tanto de los cambios que hacen variar las épocas: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca”. No cabe duda, entonces, que nos acercamos al principio de la consumación de los tiempos. Es indispensable que los hijos de Dios agucemos como nunca antes nuestros sentidos espirituales. El curso de los acontecimientos no va a mejorar; al contrario, se agravará en la medida que corran los días y los meses, y llegará a su momento cumbre, cuando cabalgue rampante el caballo negro mencionado en el Apocalipsis (Ap 6:5). De acuerdo con la profecía, el tercer jinete llevará una balanza en la mano, y recibirá esta orden: “Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario”. Un denario era el salario diario de un jornalero, lo cual manifiesta el alto precio que tendrá en un futuro próximo una raquítica porción de alimento. Enseguida, el versículo declara: “…pero no dañes el aceite ni el vino”. Este último dato es de importancia capital para comprender mejor el signo predominante de los tiempos finales: es decir, el imperio de la inequidad o de la injusta distribución de la riqueza. Pues en la exégesis de la literatura apocalíptica, el vino y el aceite se asocian con la prosperidad y la opulencia. Es voluntad del propósito divino, por tanto, que todavía por un tiempo no se dañe la propiedad de los ricos. La especulación y el acaparamiento de alimentos seguirán sin remedio. Para este mundo sumido en la impiedad no hay remedio que alcance. Empero, para los hijos de Dios y para todo aquel que quiera conocer la voluntad del Altísimo y obedecerla nada está perdido. San Pedro concluye que la tardanza del cumplimiento de la promesa significa que Dios “es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. No hay porqué, entonces, correr a escondernos y almacenar latas de comida; tampoco hay que estar dormidos, al contrario, hay que trepar sobre caballos veloces (Ester 8:10) e ir pronto a los perdidos a advertirles del gran peligro que se cierne sobre ellos.

jueves, 23 de octubre de 2008

Tiempo de vacas flacas
Por Abner Chávez

Los tiempos de los patriarcas de Israel estuvieron marcados por periodos cíclicos de hambrunas, como lo muestra el libro de Génesis (12:10 y 26:1 y 42). Con todo y que Abraham, Isaac y Jacob habían sido abundantemente prosperados en ganados, siervos y riquezas tuvieron que recurrir a Egipto, entonces una potencia mundial, para subsistir y preservar la descendencia del pueblo israelita, de donde nacería Jesús el Nazareno.
El plan global de subsistencia provisto por Dios –el que a la larga permitió la sobrevivencia de la simiente santa–, tan beneficioso para la colectividad, estuvo sin embargo lleno de aparentes desgracias personales.
La historia de José, el hijo mayor de Raquel y el undécimo de Jacob, nos muestra cómo los pensamientos individuales de los hombres no son, por mucho, los pensamientos de Dios. Recordemos que la envidia de los hermanos de José los llevó, primero, a arrojar al muchacho a una cisterna oscura y fría y, posteriormente, a venderlo por 20 piezas de plata a unos mercaderes ismaelitas. Éstos lo llevaron a Egipto, a la casa de Potifar, el mayordomo en jefe del Faraón.
Ahí Dios lo prosperó de tal manera que Potifar lo puso a administrar toda su casa. Pero Dios tenía preparado para José algo más grande que ser simplemente el administrador de una hacienda. Injustamente fue acusado de querer abusar de la mujer de su amo y José terminó en la cárcel.
Ahí, en lo más profundo de la noche, entre gente mala y un pueblo extraño de dioses extraños, José pudo haber renegado de sus convicciones, pudo haberse dejado arrastrar por la corriente del mundo y dejar a un Dios que, aparentemente, lo había abandonado. Pero su relación con Dios iba más allá de las circunstancias. Incluso en la cárcel, el esclavo hebreo fue prosperado y “halló gracia en ojos del principal de la casa de la cárcel” y puso en su mano todos los presos y lo que se hacía en esa prisión, “él lo mandaba”.
Hasta la cárcel llegaron el copero y panadero del rey, acusados de conspiración. Ambos tuvieron sendos sueños, a los que José les reveló el significado. Tal y como lo predijo el hebreo sucedió. Pero tuvieron que pasar dos años antes de que el mismo Faraón fuese turbado por sueños terribles que no lo dejaban en paz.
Soñó el Faraón que estaba junto al río y que del río subían siete vacas hermosas a la vista y muy gordas que pacían en el prado. Detrás de ellas subían otras siete vacas muy feas y flacas que devoraron a las siete vacas gordas. Con todo, las vacas flacas no dejaron su aspecto horrible. Luego Faraón tuvo un segundo sueño semejante con siete espigas. Las primeras, llenas y hermosas eran devoradas por siete espigas marchitas.
Estos sueños dejaron muy turbado al soberano egipcio, quien mandó a llamar a todos los agoreros y adivinos del reino, hasta que el principal de los coperos del rey se acordó de que el esclavo hebreo encarcelado le había revelado su sueño.
Todos conocemos cómo José reveló al Faraón el significado de esos sueños: que las primeras siete vacas y espigas significaban siete años de abundancia y prosperidad. Y las segundas vacas y espigas flacas querían dar a entender que venían siete años de sequía y hambruna tan grandes que “devorarían” los primeros años de prosperidad. Faraón, entonces, nombró a José como su segundo al mando, para que administrase la primera abundancia y que no faltare alimento para el tiempo de hambre.
Aquí habría que hacer un paréntesis. Asenath , la hija del sacerdote egipcio, fue dada como esposa a José. Ella pasó a formar entonces parte del pueblo santo. Fue rescatada de Egipto (aunque seguía viviendo en Egipto) para unirse a su esposo, quien a la postre fue grandemente bendecido en lo material y en lo espiritual. Asimismo como pasa con la Iglesia: hijos de Egipto, del mundo, al ser prometidos al Esposo, pasamos a formar parte del pueblo santo, aunque seguimos en el mundo. Sin tener las promesas hechas a Abraham, Asenath alcanzó la bendición de Dios al unirse a José y sus dos hijos, Manasés y Eprhaim, pasaron a formar incluso dos tribus del pueblo de Israel.
Regresando a la historia, cuando los años de hambre llegaron, los hijos de Jacob tuvieron que recurrir a Egipto, porque la sequía había asolado la tierra de Canán. Fue ahí cuando, luego de hacerlos un poco sufrir, José se reveló a sus hermanos y proveyó alimento y resguardo en tiempo de crisis para toda la descendencia de su padre.
Algunas lecciones tenemos que tomar de esta historia y acomodarla a la situación que se avecina: la Iglesia sabe, porque lo anunció nuestro Señor Jesucristo, que vendrían tiempos de hambrunas, pestilencias, guerras y sediciones. Ahora que los organismos mundiales reconocen que habrá una década de crisis alimentaria, para empezar podríamos administrar nuestros bienes, si es que los tenemos, de mejor manera, sin derrochar, conociendo que los días son malos y que se acercan tiempos peligrosos.
En segundo lugar, y quizá sea lo más importante, el anuncio de la crisis –junto con otras señales que anuncian los tiempos previos al rapto de la Iglesia– debería de poder acercarnos más al trono de la gracia de Dios para depender más de Él, confiar absolutamente en que Dios es nuestro proveedor y buscar más su rostro.
Los tiempos de vacas flacas pueden, todavía, hacer que surjan mejores cristianos, más comprometidos con la causa del Evangelio y más dispuestos a alzar la voz de paz en medio de un mundo lleno de confusión. Un pueblo que proclame la paz de Dios en tiempo de crisis.

viernes, 20 de junio de 2008

La mirada triste del Señor

El día que Jesús guardó silencio
Por Batista Cortés

Aún no sé si ocurrió o fue un sueño. Sólo recuerdo que esa noche el cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear... Me encontré en aquel inmenso salón con un pared llena de tarjeteros, como los de las grandes bibliotecas. Los ficheros tenían diferentes rótulos. Al acercarme, me llamó la atención uno titulado: “Muchachas que me han gustado”. Lo abrí por curiosidad y empecé a pasar las fichas. Tuve que detenerme por la impresión: había reconocido el nombre de cada una de ellas: ¡se trataba de las chicas que a mí me habían gustado!
Empecé a sospechar dónde me encontraba. Este inmenso salón de interminables ficheros era un crudo catálogo de mi existencia. Estaban escritas las acciones de toda mi vida, pequeños detalles y momentos que ya había olvidado. Por curiosidad abrí ficheros al azar para explorar el contenido.
Algunos me trajeron alegría y recuerdos dulces; otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intenso, que tuve que voltear a ver si alguien me observaba. El archivo “Amigos” estaba al lado de “Amigos que traicioné”. Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo. “Libros que he leído”, “Mentiras que he dicho”, “Consuelo que he dado”, “Chistes sucios que conté”. Otros títulos eran: “Cosas hechas cuando estaba molesto”, “Videos que he visto”, en fin... no dejaban de sorprenderme de los títulos.
Estaba atónito del volumen de información de mi vida. ¿Tuve tiempo para escribir cada una de esas millones de tarjetas? Pero cada ficha confirmaba la verdad. Cada una, escrita con mi letra y firmada por mí. Cuando vi el archivo “Canciones que he escuchado”, quedé atónito al descubrir que tenía más de tres cuadras de profundidad y ni así le vi fin. Me sentí avergonzado por la cantidad de tiempo que demostraba haber perdido.
Llegué al archivo “Pensamientos lujuriosos” y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sólo abrí el cajón unos centímetros. Me avergonzaría conocer su tamaño. Saqué una ficha al azar y me sentí asqueado al constatar que “ese” momento, que yo creía escondido en la oscuridad, había quedado registrado. No necesitaba ver más... un instinto animal afloró en mí, un pensamiento dominaba mi mente: ¡nadie debe de ver estas tarjetas jamás! ¡Tengo que destruirlas! En un frenesí insano arranqué un cajón, sólo para descubrir que no podía siquiera arrancar una sola tarjeta, pues eran más duras que el acero. Vencido e indefenso, devolví el cajón a su lugar.
Empecé a sollozar. En eso, el título de un cajón pareció aliviar mi situación: “Personas a las que les he compartido el Evangelio”. Al abrirlo, no encontré ni diez tarjetas. Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. Caí de rodillas al suelo, llorando amargamente de vergüenza. De nuevo volví a pensar: “Nadie debe entrar a este salón, necesito encontrar la llave y cerrarlo para siempre”. Mientras me limpiaba las lágrimas, lo vi... ¡Oh, no! Por favor, ¡no!, ¡cualquiera, menos Jesús!Impotente vi como Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas. Intuitivamente, Jesús se acercó a los peores archivos. ¿Por qué tiene que leerlos todos? Con tristeza buscó mi mirada, y yo bajé la cabeza de vergüenza… y seguí llorando amargamente. Él se acercó, puso su mano en mi hombro y no dijo una sola palabra. Ese día, Jesús guardo silencio... Volvió a los archiveros y empezó a estampar su nombre en cada tarjeta encima de mi firma. ¡No!, grité. Tu nombre no tiene por qué estar en esas fichas. No son tus culpas, sino las mías. Pero Su nombre cubrió el mío, escrito con su propia sangre. Me miró con una sonrisa triste y siguió firmando las tarjetas. No entiendo cómo lo hizo tan rápido. Al siguiente instante lo vi cerrar el último archivo y venir a mi lado. Me miró con ternura y creí escucharlo decir: “Consumado es... Yo he cargado con tu vergüenza y tu culpa”.
Aún no sé si fue sueño, visión o realidad... de lo que sí estoy convencido es que la próxima vez que Jesús vuelva a ese salón encontrará más fichas de qué alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas…

¿Qué buscas entre los muertos?
Editorial

La pregunta angelical nos invita a reflexionar: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” ¿Tiene el cristiano algún beneficio en asomarse a los altares de muertos o las fiestas de Halloween?
En el Antiguo Testamento se prohibía expresamente al sacerdote contaminar sus vestiduras o sus personas con la cercanía de cadáveres. Según la Palabra de Dios, nosotros somos reyes y sacerdotes para la gloria de Dios. Deberíamos tener cuidado de no usar nuestras vestiduras irreflexivamente. Ser cristiano es cuestión de fe. Por ejemplo, en el bautismo creemos que nace una nueva persona. Si no hay fe, el “bautizado” únicamente se mojó en agua. Así pasa con los días de brujas y muertos. La Biblia dice que nuestra lucha es contra espíritus que vagan por los aires. Es cuestión de creerle a la Palabra de Dios. Al abrir nuestra casa o permitir que nuestros hijos asistan a fiestas de muertos, abrimos puertas a espíritus inmundos. Hermano, ciérrale al diablo la puerta de tu casa y tu corazón. Porque nuestro Señor es Dios de vivos, no de muertos.

¡Detente, no te hagas daño!

El arma del suicida
Por Asael Velázquez

¿Te has encontrado alguna vez al borde de la desesperación? ¿Parece que no encuentras la salida a tu problema? ¿Te has hallado en el umbral de la angustia, del abandono, del desconsuelo? ¿Has deseado alguna vez, como el salmista, tener alas de paloma para escapar? ¿Y te ha llegado el deseo de salir por esa que llaman “la puerta falsa? ¿Te han dejado los problemas en “el desierto” y, como Job, has deseado nunca haber nacido?
Detente, te dice la voz de tu Amado, no te hagas daño. Porque a veces, entre la vida y la muerte, la luz y la noche, la cima y el abismo, parece que sólo hay una pequeña diferencia, una grave decisión puede tomar sólo algunos segundos de extrema desesperación. Como sucedió con el carcelero de Filipos. Dice la Biblia que cuando despertó y vio abierta la cárcel, sacó su espada para matarse, pues pensaba que los presos, por quienes tenía que responder a sus superiores con la vida, habían escapado.
Y cuando extiende su mano para quitarse la vida, el grito del Apóstol paraliza el arma homicida. ¡Detente, no te hagas daño!, que todos estamos aquí.
La extrema decisión de quitarse la vida puede tomar sólo unos segundos. ¿Qué debe estar pasando por la mente del suicida para desear morirse? Una extrema desesperación, angustia y soledad requieren de una extrema solución. Y el remedio se llama Jesucristo.
Sigue contando Hechos de los Apóstoles que cuando escuchó la voz del apóstol, el carcelero de Filipos pidió una luz y temblando aún de miedo fue a tirarse a los pies de Pablo y de Silas. Señores, les preguntó, ¿qué tengo qué hacer para salvarme? La respuesta fue contundente: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”.
Dios ha provisto un remedio eficaz para los desesperados, ninguneados, perseguidos, maltratados, encarcelados, enfermos terminales, pobres de espíritu, necios, para quienes no encuentran salida a sus problemas, para los endeudados, abatidos, heridos, molidos, despreciados y desechados. Para todos ellos, el Señor es la solución.
La puerta no es suicidarse. Porque quitarse la vida no debe siquiera entrar en los pensamientos del pueblo cristiano. Tal intención del corazón no puede provenir del Espíritu Santo. El Señor Jesucristo dejó muy clara la diferencia entre la vida y la muerte. Dijo: porque el diablo no vino sino a matar, a robar y a destruir. Pero el Cristo de la Gloria vino a dar vida en abundancia.
Si tú aceptas a Cristo como tu único y suficiente salvador, incluso en lo más profundo de la noche, en la celda más oscura, con las circunstancias en contra, como pasó con Pablo y Silas, tu amor por la vida, que proviene de lo alto, va a estar tan arraigado, que vas a estar orando y cantando himnos. Aun preso, tú serás libre. Y no desearás morirte, porque esa decisión sólo le corresponde al Altísimo, quien tiene contados, dice la Biblia, hasta los cabellos de nuestra cabeza. Y sólo a él le corresponde acortar o añadir días a nuestra existencia.
Y esa vida que habitará en lo profundo de tu ser será como una llama dentro de ti que se ha puesto en ti para que alumbre a quienes te rodean. Bendice, bendice siempre a tu prójimo. Porque quizá sin saberlo una palabra tuya de aliento, de consuelo, de amistad, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte para personas que te rodean. Tu voz puede ser el equivalente al grito del apóstol que quizá, sin que tú lo logres ver, logre detener a tiempo el arma de un suicida.

La puerta falsa
Por Olga Miranda
De acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud, de 2001 a 2007, cinco millones de personas en el mundo decidieron terminar con su existencia. La Organización Mundial de la Salud estima que el suicidio es la tercera causa de muerte entre los 15 y 29 años. En México, la tasa mayor está por los 15 años, lo cual es un drama, porque hace 15 años estaba en mayores de 65 años, generalmente por padecer alguna enfermedad crónico-degenerativa.
El suicidio es un fenómeno en crecimiento. Pasó de 2,736 en 2000 a 3,553 casos en 2005. De acuerdo con el INEGI se observa que del total, 525 fueron en personas entre los 15 y 19 años (313 hombres y 112 mujeres); la mayor parte de suicidios en México ocurre entre personas de 20 a 24 años (523: 430 hombres, 93 mujeres) y se registraron 462 suicidios entre los 25 y 29 años (396 hombres y 66 mujeres).
El grupo que incrementó los suicidios es el de los niños menores de 14 años, el cual (en 2005) alcanzó la alarmante cifra de 139 decesos, es decir, más de 11 suicidios mensuales.
Entre los motivos por los que se suicidan las personas están, en primer lugar, los disgustos familiares; en segundo lugar, causas amorosas y, en tercer lugar, por padecer enfermedades incurables, dato que lleva al segundo grupo de población de mayor incidencia de suicidios en el país, que es el de los adultos mayores de 65 años. En 2005 247 ancianos se quitaron la vida (229 hombres y 18 mujeres). El modo más usado por los suicidas es el ahorcamiento, quizá por escasez de recursos, si no usarían métodos más caros, como armas de fuego o medicamentos.

Los niños no son de la calle

Refugio para el menesteroso
Por Olga Miranda

Qué triste es ver a niños, jóvenes y adultos en las calles caminando sin rumbo, con la mirada perdida, la ropa desgarrada, sucia y maloliente. Algunas veces los vemos drogándose, otras pidiendo dinero, unas limpiando parabrisas o durmiendo en las coladeras. Son la parte de la sociedad que nadie quiere ver ni oír y pocos se acercan a ofrecerles ayuda económica o espiritual.
Como pueblo de Dios nuestro deber debería ser ayudar, pero la realidad es que muchos cristianos ni siquiera lo piensan y, mucho menos, los ayudan. Pero hay quien sí lo hace. Ministerios Adulam es una asociación civil cristiana que surgió hace once años con el objetivo de ayudar a rehabilitar y restaurar a drogadictos, alcohólicos, prostitutas, homosexuales, ladrones, grupos marginados y étnicos que viven en condiciones deplorables.
En entrevista con La Voz del Amado, Emilio Beltrán Corona, director de esta asociación, comentó que “Adulam no sólo se encarga de hablarles de la Palabra de Dios, sino de enseñarles el camino para una transformación total, que ellos puedan conocer al Dios todopoderoso y de esa manera acceder a una vida amor, esperanza y paz”.
“La realidad es que nuestra sociedad es corrupta y decadente y poco estamos haciendo como Iglesia. Adulam nace como una respuesta a esta sociedad decadente y tenemos una cobertura espiritual muy fuerte, de hombres de Dios”, puntualizó.
Una sociedad herida
El director de Adulam explicó que este ministerio nació como consecuencia de las heridas que vive nuestra sociedad, pues México tiene cerca de 350 mil niños y jóvenes en condición de calle, cerca de 20 mil menores son víctimas de prostitución y pornografía y, según cálculos conservadores, cada día mil jóvenes ingresan a las filas de la drogadicción y el alcoholismo.
Adicionalmente, cerca de 4.5 millones mujeres son madres solteras y nuestro país está entre los primeros lugares, a escala mundial, en secuestro, pornografía infantil, narcomenudeo, corrupción y violencia.
Beltrán Corona agregó que entre las principales causas por las que los niños abandonan su hogar está la pobreza extrema, “pues más de 50 millones de mexicanos viven en pobreza extrema y basta con ir a Chiapas y Oaxaca para ver lo que significa esto.
“Si desde pequeños sufren de hambre, entonces algunos empiezan a desertar del hogar. Es ahí donde ellos forman su carácter en la calle y los aborda la necesidad y desde niños se vuelven limpiaparabrisas de crucero, y comienzan a drogarse”, considera.
“Si no tienen un encuentro con Dios van a vivir con esta herida toda su vida. Se tiene que hacer algo. Dejemos de jugar a la iglesia y salgamos a emprender algo que transforme esas vidas”, aseguró.
Lugar de refugio
La visión de este ministerio se canaliza en dos sentidos. El primero se establece en la atención interna y la rehabilitación integral por medio de un modelo familiar, creador de valores y lazos afectivos, que intenta desarrollar un carácter responsable y una vida productiva. El segundo apunta hacia la ayuda externa, brindando apoyo a los diferentes sectores necesitados de la población. Se materializa esta ayuda mediante la donación de ropa, despensas, artículos escolares y brigadas de salud, entre otros.
Adulam atiende a 700 niños en Casas Hogar y cinco mil menores en comunidades indígenas. Trabaja con muchos grupos étnicos: mixes, chatitos, zapotecos, de la costa, tzotziles, choles, lacandones, tzetzales y tojolabales.
“Estamos haciendo cosas impresionantes, porque es una forma de evangelismo que la Iglesia no conocía. Estos niños están siendo alcanzados por Dios, Él los está bendiciendo y se están haciendo cosas gloriosas entre los grupos marginados.
“Nosotros como institución no podemos quedarnos aquí, hay que ir por más desamparados. En el país tenemos 130 grupos que atendemos en la calle. Tener misericordia y asistir al menesteroso es algo que todo hijo de Dios debería hacer, pues lo dice la Biblia”.

Controversia
Sin historia
Por Juan Elías Vázquez

Nadie sabe de dónde vienen y adónde van los niños que deambulan por las calles. Parece como si hubieran nacido ahí y en ese sitio estuvieran condenados a crecer. Cuando nos topamos con ellos, quizá, tengamos compasión y hasta les regalemos una moneda, pero después los olvidamos. Los niños de la calle, por definición, no pertenecen al hogar, al engranaje social, han quedado excluidos de nosotros.
Los niños de la calle no tienen historia. La sociedad no sabe o no quiere saber de dónde salieron por primera vez, si lo que pepenan les da para comer, si tienen dónde dormir, si tienen familia, si van a sobrevivir el día siguiente. Al considerar a esos chicos “de la calle”, el discurso oficial concentra su mirada en la situación actual, como si fuera un fenómeno irreparable, soslayando la historia personal-familiar que hay detrás de cada pequeño en desgracia. La situación de esos niños puede ser cambiada, si los vemos como dueños de un rostro humano y de una historia individual. Dejar de percibirlos como si tuvieran un mal incurable.

Clima de violencia

Contentos en nuestra Jerusalén
Por Roberto Pérez Ortiz

Desde hace aproximadamente 15 años, la inseguridad se ha convertido en un tema primordial para la ciudadanía. La violencia se ha transformado en un asunto prioritario, principalmente por el incremento en la criminalidad en la década pasada: desde secuestros, asaltos bancarios, narcotráfico, fraudes, robo de autos y casas, hasta los “nuevos” delitos, como el secuestro exprés.
En México, las tasas globales de homicidios han disminuido en los años recientes, según los datos oficiales; aunque eso depende de la zona geográfica, pues el fenómeno es al contrario en donde opera el narcotráfico. Otro factor preocupante es el incremento del robo con violencia.
Y a todo esto, ¿qué hace la Iglesia?, ¿los pastores?, ¿los líderes de jóvenes? Las cifras crecientes muestran una realidad contundente. Por ejemplo, mientras que en el municipio de Nezahualcóyotl se denunciaron (enero-mayo de 2007), 500 robos a casas-habitación, dos mil asaltos en la calle y 200 violaciones o intentos de violación, en ese mismo territorio sólo hay 76 asociaciones religiosas registradas ante Gobernación y, según cálculos conservadores, 300 templos o casas de oración. Y algo parecido pasa en el DF.
El pueblo de Dios, y sobre todo los jefes de los escuadrones de Israel, deberían volver a reflexionar acerca de su misión. Aquí la pregunta es: ¿No nos estamos encerrando entre las cuatro paredes de la casa de oración?, ¿tan contentos estamos en nuestro Jerusalén, que Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra se nos hacen muy distantes? ¿La Iglesia habrá olvidado ya la Gran Comisión?

No temeré mal alguno…
Por Hazael Velázquez

Nunca en el país se había sentido un clima de violencia como el que se inició en el sexenio actual. Más de mil 300 ejecutados en lo que va del año (agosto 2007), casi el doble que en 2006, nos indican qué tanto la delincuencia ha penetrado a la sociedad. Hombres mujeres, incluso niños, han sido degollados, incinerados, torturados, descuartizados o asesinados con el tiro de gracia. La ciudad más grande del mundo es también una de las más violentas y el Edomex ocupa el nada honroso primer lugar en feminicidios del país.
Cuántos amables lectores pueden dar testimonio de un familiar, amigo o vecino que ha sido víctima de un robo, un secuestro u otro tipo de agresión violenta. Según cálculos oficiales, 7.5% de las familias mexicanas han sufrido una agresión del crimen.
Pero ante tanta inseguridad, brutalidad y crueldad, ¿debemos encerrarnos en nuestras casas porque el león anda en las calles? De ninguna manera, Nosotros debemos confiar en que nuestro guardador no se dormirá ni se adormecerá el que guarda nuestra alma.
La voz del amado es muy clara: “Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra, mas a ti no llegará”.

Violencia, según expertos
La violencia es una palabra que ha terminado por formar parte de nuestra cotidianidad. Lo preocupante es que está presente en todos los ámbitos: en la familia, la calle, el trabajo, la escuela, los medios de comunicación y en cualquier conversación se menciona frecuentemente.
José Luis Vera Cortés, investigador de Ciencias Biológicas de la UNAM, explica que para algunos expertos la violencia está enraizada en nuestros antiguos orígenes y forma parte de la naturaleza humana. La violencia consiste en poner la agresividad al servicio de ideas y creencias que la tornan intencionalmente dañina. No nacemos con tales creencias, sino las adquirimos a lo largo de nuestra socialización.
(Con información de Olga Miranda)

El inminente regreso
Por Isabel Velázquez

El crecimiento de tanta violencia y maldad en el mundo nos habla de un escenario descrito por la Biblia. Al hablar de su regreso, Jesucristo detalló estos últimos tiempos. Habrá angustia de la gente y confusión, “desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la Tierra” (Luc. 21:25-26).
Guerras, sediciones, hambre, terror, persecución y maldad son “principio de dolores”. Periódicos, cine, internet, radio y televisión dan cuenta precisa de que vivimos tiempos peligrosos. La maldad y la violencia están presentes y los medios nos corroboran que realmente se trata de los días finales, los del inminente regreso del Señor.
¿Cuál debe ser la actitud del cristiano ante la maldad y la violencia? ¿Debe el creyente “desfallecer por el temor” ante la ola de crímenes, violaciones, robos, y ejecuciones? De ninguna manera. La Biblia nos anticipa que, cuando oigamos y veamos esto, “no os alarméis, porque es necesario que estas cosas acontezcan” (Luc. 21:9), sino que debe haber gozo en nuestro corazón, al ver cómo se cumplen las profecías sobre el regreso de Jesucristo. “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”.

Compadecerse del hijo de su vientre

Abortan el amor por la vida
Por Olga Miranda

Uno de los privilegios más grandes que Dios le dio a la mujer es la oportunidad de ser madre y amar a sus hijos. Quizá por eso, una de las primeras órdenes dadas a Adán y Eva fue la de “creced y multiplicaos”.
Pero la Biblia también enseña que, “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se resfriará”. No puede entenderse de otro modo la ausencia de cariño de la madre al fruto de sus entrañas, que deriva en la decisión de “matar” al supuesto producto del amor. Y esa falta de amor se trasforma, con el tiempo, en costumbres, iniciativas y, finalmente, en leyes.
Como es público, el Distrito Federal es la primera urbe latinoamericana en despenalizar el aborto. Una amplia mayoría legislativa (PRD, PRI, Nueva Alianza, Alternativa y Convergencia, con la oposición del PAN y PVEM) modificó la definición de aborto en el artículo 144 del Código Penal local, y estableció como legal la interrupción del embarazo “antes de la decimosegunda semana de gestación”, aunque también se redujo la penalidad para las mujeres que recurran al aborto de uno a tres años de cárcel a solamente tres a seis meses o bien a 100 a 300 días de trabajo comunitario. Las reformas a la Ley de Salud fueron aprobadas por 46 votos en favor, 19 en contra y una abstención.
Además, la Ley de Salud del DF obliga a las instituciones públicas a atender cualquier solicitud de aborto. El delito sólo se castigará cuando se haya consumado, no cuando sólo se intente, siempre y cuando no formen parte de las cuatro excluyentes (violación; por imprudencia; malformaciones genéticas, y por riesgo a la salud de la madre).
Por medio del profeta Isaías, el Señor preguntaba: ¿Podrá la mujer dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Parecía imposible. Ahora es legal. No se equivocó nuestro Señor: por haberse multiplicado la maldad, el amor de las madres por los hijos está en el congelador.
Todo empezó desde 1920
La primera propuesta de despenalización del aborto data de 1920, atribuida a un grupo de mujeres feministas. La Convención de Unificación Penal, en 1936, presentó el texto “El aborto por causas sociales y económicas”, en el que proponían la despenalización completa del aborto. En 1976, la Coalición de Mujeres Feministas y en 1983, el entonces presidente Miguel de la Madrid, intentaron modificar el Código Penal para reformar las disposiciones relativas al aborto y al adulterio, pero fueron desechadas.
En 1989 se permitió que las embarazadas por violación pudieran abortar legalmente en la Ciudad de México. En 1991, el presidente Carlos Salinas de Gortari envió a la Cámara de Diputados una iniciativa para permitir el aborto por razones económicas, pero el PAN consiguió que se rechazara. Fue hasta el 24 de abril de 2007 cuando se aprobaron las reformas al Código Penal y a la Ley de Salud para despenalizar el aborto en el Distrito Federal.

¿Deben los médicos interrumpir la vida?
Por Asael Velázquez
Los diputados de la ALDF que legalizaron el aborto el pasado 25 de abril (2007) esperaban que, al convertirlo en ley, terminaran las protestas en favor de la vida. En realidad, lo que provocaron es que el debate en la capital de la República se extendiera a todo el país. Al tema de la decisión de las mujeres se suma ahora la decisión de los médicos, quienes pueden ejercer el derecho a la “objeción de conciencia” para negarse a practicar abortos. Porque así como para pelear se necesitan dos, para que una mujer aborte, es necesario el personal médico que practique la intervención quirúrgica.
El asunto polémico es si, al interrumpir el embarazo, el médico está faltando al juramento hipocrático de defender la vida hasta sus últimas consecuencias. Y para los médicos cristianos (si es que alguno, sin razonarlo, hubiese pensado practicar un aborto), el asunto está en que al quitar la vida a un embrión ¿no se está tratando de poner en lugar de Dios, quien es el único que da vida y puede quitarla?


La Voz del Siervo
Pastor Misael Chávez Ocampo

A lo largo de su historia, la humanidad ha tratado de burlar las leyes divinas y ha disfrazado el pecado con diversos nombres, excusas y argumentos. El hombre ha buscado la manera de no cumplir los mandamientos de Dios, aunque para eso tenga que cambiar las leyes. Ese es el caso actual del aborto.
La eterna Palabra de Dios expresa claramente la prohibición de quitar la vida. No matarás, ordena, pero el hombre ha hecho caso omiso y se ha atestado, dice el apóstol Pablo, de toda iniquidad, maldad y homicidio.
Asimismo, las Escrituras afirman que el fruto del vientre es “cosa de estima” al Creador y que sus ojos vigilan que el embrión sea formado completo dentro de la madre.
La vida es un regalo del cielo. Sólo el Padre puede quitarla. Cualquier intento por interrumpirla es un asesinato. No es cuestión de 4 o 12 semanas. Arrebatar la vida es un crimen, se le quiera describir con un nombre bonito o disfrazar de modernidad. ¡Ay de lo que a lo malo llaman bueno!